··········La mayor parte de las películas de adolescentes de barrios conflictivos o en situaciones desestructuradas, que por un encadenamiento de decisiones o de casualidades acaban traspasando gravemente los límites legales, suelen terminar mal. Es un dramatismo más efectivo que el que se elige aquí: los chavales acaban volviendo a las instituciones.
··········Eso hace una película menos trágica, todo queda como una travesura seria. Creo que esa novedad le da interés a la película: los chavales han creado un buen recuerdo, algo que van a contar el resto de su juventud en los bancos del parque (mitopoiética de barrio, al fin y al cabo), pero en lo esencial se han rendido.
··········Al fin y al cabo, su medio no les trata tan mal y su malestar no proviene tanto de los hechos como de los intensos sentimientos que éstos les producen. Problemas de dignidad, de poder respetarse a uno mismo y a su familia, de falta de espacios y tiempos personales.
··········También creo que está bien la demostración de la utilidad de las firmas para un grafitero, con ese mecanismo ambiguo de garantizar a la vez afirmación personal y pertenencia al grupo.
··········Es cierto que hacer una reivindicación moral de un supuesto “derecho a divertirse” es un poco patético y superficial, pero también es cierto que eso es lo que hay. Y no está mal contarlo. Especialmente cuando uno de sus efectos se deja claro: las risas de uno tienden a provocar los problemas de los otros.
··········Algunas frases hechas y desarrollos previsibles, especialmente en los educadores, pero en general los personajes son creíbles y los chicos están frescos (el rumano menos, va más de intenso).
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 7.
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