··········Una coproducción chileno-argentina-española, pero que, a la vista de los títulos de crédito, parece una producción del Ejército de Chile.
··········Una historia suave, hecha con cuatro euros -supongo- y un paisaje tremebundo, de un extensa pampa fría, desolada, sin un sólo árbol y donde hasta el pasto escasea y está seco.
··········Que esa esquina del mundo haya sido motivo de una situación prebélica entre Argentina y Chile en 1978 (con las dos salvajes dictaduras en sus primeros años), es una de las burlas que la película hace a las patrias. Al igual que la indefinición de la frontera, nadie sabe dónde acaba su país, o se confía en que alguno levantó una valla casi un siglo antes. Sin embargo, las órdenes son defender una frontera invisible y desubicada.
··········Los dos grupos de soldados enfrentados, menos de una docena de hombres en total, apenas se distinguen por las peculiares diferencias entre el habla argentina y la chilena (de la que ya hablé en otra anotación de esta misma bitácora). Cinco chicos y un sargento de mediana edad en ambos casos.
··········Me gusta que en los dos ejércitos sea el suboficial quien, pese a las ceremonias de agresividad, los gritos, las órdenes, mantenga el sentido común de quien sabe que una guerra es lo peor. Es como si estuvieran metido en una serie de ritos que conforman su vida… siempre que en realidad no signifiquen nada y no haya que empezar a disparar. También en ambos bandos hay un soldado plenamente imbuido de las esencias patrias, de la agresividad aprendida, forzada e idiota de las patrias.
··········En fin, una historia simpática, sin demasiadas profundidades, y que se vuelve previsible enseguida.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 6.
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